Pues nueva plataforma, después de que Typepad, donde ha estado albergado casi 25 años Divergencias, cerrase: bastante duró. Progresivamente iré trasladando aquí los post anteriores que entienda que tienen cierta pertinencia y no me avergüencen demasiado en perspectiva (lo haría del tirón, pero resulta que WordPress, después de haberlo configurado, me dice que no puede importar desde Typepad).
Bueno, al tema, lecturas de un verano con bastante relectura. Empezamos por lo novedoso.
La península de las casas vacías, de David Uclés. Por lo que veo alrededor, el libro del verano. A ver, el autor y el narrador, que se hacen notar a lo largo de todo el libro, caen majos, el libro es tan ambicioso como juguetón, logra insertarte en su mundo, su repaso fantástico de las geografías íberas es estimulante (bordeando la saturación como recurso), su juego de crear extrañezas con alimentos, tradiciones, sentidos, emociones, animales y su inserción en lo cotidiano y normalizado se hace maravillosamente natural, acompañado a su vez con el rol de contraste que ejercen con fuerza expresiva las citas textuales de protagonistas de la Guerra que aterrizan de vuelta a la realidad, algunas escenas de dolor son tremendas en su descripción (el regreso pausado al hogar de Odisto, su progresiva toma de conciencia)… Vamos, casi, casi, casi todo bien.
El libro tiene, sin embargo, un muy relevante pero: y es que, aunque el narrador se hace ver en su conversación con Franco como algo así como “progresista”, el libro tiene un fuerte aroma a la fantasía de la Tercera España, a la relectura de Manuel Chaves Nogales, al “hermanos en conflicto” (la resolución de la relación entre Paulo/Pablo/Paolo/Pablito y José la ve venir hasta un lector tan relajado como yo, que nunca hago esfuerzos por anticipar la evolución de personajes y relaciones). Es particularmente evidente en los diálogos con carga política, con una simpleza de tercero de primaria: simpleza que huele a intencional, porque el resto del texto es de todo menos simple, es enormemente brillante, de manera que no puede ser casual su pobreza cuando se adentra en lo político. Dicho esto, es un libro recomendable: la combinación de su ambición y enormes dosis de talento lo justifican. No es el libro que hubiera querido leer, pero es un libro que me gustó leer.
Neoliberalismo como teología política. Habermas, Foucault, Dardot, Laval y la historia del capitalismo contemporáneo, de José Luis Villacañas. No soy de subrayar libros, pero este era de los que lo merecían, en ambas posibles acepciones de merecer (mérito y castigo). Mérito porque el libro, particularmente conforme avanza, es una explosión permanente de ideas que retener y extrapolar a otros ámbitos. Castigo, porque es cierto que no hay apenas concesiones al lector, la redacción es compleja y exigente y el subrayado es casi una necesidad para el procesamiento de la información. Recomendación de personita querida y admirada a la que me lancé… sin darme cuenta de que ya había leído a Villacañas justo el verano pasado, su La Revolución Pasiva de Franco. Escribir un libro como este, o como La Revolución Pasiva, impresiona. Publicar los dos, distintos en temática y campo de conocimiento, y con un par de años de diferencia entre ellos, me parece increíble. Neoliberalismo como… empieza casi por una esquina del tablero (lecturas alrededor de cursos de Foucault y su relación con el “ordoliberalismo” alemán) para coger cada vez mayor y mayor vuelo, hasta desplegarse abordando la genealogía y actualidad de casi cualquier fenómeno de la realidad (UE, soberanía, digitalización, consumo, la producción de subjetividades y la legitimación de la obediencia, las precariedades…). Algunas de sus consideraciones (el rol de los estudios culturales) no las comparto, pero faltaría considerando el rango tan amplio de ámbitos que abarca. Siendo pre-pandemia (justo su post-scriptum incorporado al respecto no es lo más poderoso del libro, además de introducir algunos giros analíticos interesantes en sí pero no sé si totalmente coherentes), su vigencia es altísima. Pienso reutilizar buena parte de lo aquí leído (eso sí, habré de volver de nuevo, armado de lápiz) como marco para estructurar ideas.
Comuntopía: Comunes, postcapitalismo y transición ecosocial, de César Rendueles. En cierta medida, el libro de Rendueles arranca donde finaliza el de Villacañas (aunque mi proceso de lectura fue al revés: leí a Villacañas poco después de terminar Comuntopía). El libro de Villacañas es poderosísimo en su análisis, pero su cierre propositivo es débil, apelando a la tradición de los Comunes: quizás la lectura del libro de Rendueles, mucho más detallado, rico y matizado en esta temática específica que es su objeto, me deja la sensación que Villacañas encuentra en los Comunes un espacio/eje de trabajo porque necesita, como necesitamos casi todos, un horizonte tras en su cierta medida desesperanzadora lectura de la realidad de subjetividades devastadas por la hegemonía del neoliberalismo desplegado en su alcance actual, pero no procesa en detalle las tradiciones, complejidades y límites del universo de los Comunes. De hecho, en el postscriptum del libro, que como digo se centra en la vivencia de los primeros meses de pandemia, la apuesta va más por el Estado que por los Comunes. Finalmente, por no reseñar Comuntopía solo en relación a Neoliberalismo como… , señalar como Rendueles escribe un libro lúcido, detallado y matizado sobre la potencia, trayectoria y utilidades políticas actuales de los Comunes, encuadrando con realismo su pertinencia, oportunidades y ámbitos.
OVNI 78, de Wu Ming. Lectura un poco forzada para evitar demasiado ensayo, y Wu Ming es siempre garantía: el largo 68 italiano, Aldo Moro, Brigadas Rojas e incluso un par de chispas de Battiato, ingredientes para el enganche, pese al marco del mundo OVNI, ufología… temáticas que, como todo el universo conspiranoico, siempre son fuente de pereza. Me costó entrar pero finalmente quedé enganchadísimo.
Y a partir de aquí, las relecturas:
El sastre de Ulm, de Lucio Magri. Tercera relectura inducida como resultado de OVNI 78. Y porque no he encontrado en casa el increíble libro de Brigadas Rojas de Mario Moretti (aunque se presenta como tal, las autoras son más bien Rossana Rossanda y Carla Mosca, que entrevistan al antiguo líder de las BR), que hubiera caído por cuarta vez. Lo releeo porque me parece un gran libro, su modelo de análisis (global geopolítico, de ahí a lo económico/estructural del país y finalmente político) me parece un ejemplo de cómo entender la realidad … pero es verdad que a estas alturas es pura arqueología morbosa, su pertinencia para entender lo actual es muy bajo. Lo que me lleva a compartir otra reflexión veraniega: y es que cómo ha envejecido todo… Quiero decir: toda una cosmovisión del mundo (los países de Occidente como actores integrados, Israel como heredero de una legitimidad moral, el rol de los medios de comunicación… por decir tres cosas que podrían ser 100), el contexto “natural” del mundo cultural y reflejado en sus expresiones (libros, películas…) han envejecido radicalmente y están insertas en unos marcos inexistentes que hacen que al leer o ver esos productos culturales todo chirríe si tratas de consumirlo de una forma que no sea un distanciamiento temporal y cultural absoluto. Yoquesé, todas las películas sobre la IIGM&Holocausto, la Guerra Fría o Todos los hombres del presidente… parecen ya tan lejanas como las del Oeste.
Historia de los bombardeos, de Sven Lindqvist. Quizás porque es un libro que en parte aborda las conspiranoias, las justificaciones ideológicas del racismo, el atractivo para ciertos varones de las fantasías del colapso y el rol de las narraciones culturales (interesante cómo el fascismo USA setentero y ochentero convirtió en referencia algunas obras de la ciencia ficción underground), no sufre tanto el envejecimiento citado. Me acerqué de nuevo a este libro como base para tratar de escribir sobre el bombardeo de Chefchaouen, –la primera vez que se realizaron bombardeos sobre población civil en ciudades no militarizadas- del que se cumplen 100 años sin apenas referencias en prensa mientras que nos toca asistir a una revisión claramente interesada del mismo aniversario del desembarco de Alhucemas. En el libro de Lindqvist se recoge que el bombardeo fue impulsado por el ejército español, que lo “subcontrató” a sus aliados franceses, que a su vez lo encargaron a una patrulla aérea de mercenarios estadounidenses: lo que sería un modelo que acabaría por reproducirse 12 años después contra Gernika, en ambos casos contra una “ciudad sagrada” para pueblos que cuestionaban su españolidad. El caso es que no se puede acceder a la fuente original de Lindqvist a través de Internet, y en los textos que he encontrado aunque aparece con frecuencia la misma narración que en Lindqvist, hay en ocasiones en que no se cita el rol español y aparece como una iniciativa completamente francesa, así que dejé el artículo sin escribir. En cualquier caso, una vez que arrancas el libro, vuelves a engancharte así que me lo releí por completo.
La conquista de México, de Hugh Thomas. Ando echando un poco de menos México, y este libro más a mano que tenía. 900 páginas que echan un poco para atrás, más aún siendo relectura, pero finalmente volvió a caer entero. Lo más interesante me ha resultado la “perspectiva española”: cómo para Carlos V durante bastante tiempo las Américas le resultaron irrelevantes, inmerso en las revueltas de los comuneros y los desafíos europeos de su Imperio, la debilidad de la expansión española en las Antillas y el riesgo que, hasta la conquista de México, tuvieron de ser ignoradas las posesiones americanas desde la Corona.
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